Durante años, comprar algo especializado en la Ciudad de México dependía de un puñado de tiendas concentradas en un par de zonas. Quien vivía lejos de ahí simplemente tenía menos opciones, y los precios casi no se movían porque tampoco había mucha competencia entre dos o tres locales.
El comercio electrónico rompió esa geografía. Hoy alguien en el oriente de la ciudad tiene acceso al mismo catálogo, los mismos precios y, casi siempre, la misma velocidad de entrega que alguien en las zonas donde antes se concentraban estas tiendas.
Para dimensionar el cambio conviene pensar en cómo era antes: si vivías a hora y media en transporte público de la única tienda de tu categoría en la ciudad, ese viaje era parte del costo real de la compra, aunque nadie lo contara así. Hoy ese costo prácticamente desapareció.
La logística como igualador
Los servicios de entrega el mismo día o al día siguiente, incluso en zonas que antes se consideraban complicadas, permitieron que las tiendas en línea que venden vapeadores recargables y repuestos y resistencias compitieran en tiempos de entrega con las físicas. Eso eliminó una de las pocas ventajas que le quedaban al modelo del mostrador único.
También mejoró el empaque, el rastreo del pedido en tiempo real y la flexibilidad de horarios de recepción. En conjunto, redujeron la fricción que antes frenaba a un comprador que nunca había adquirido algo así fuera de una tienda física.
No todas las zonas de la ciudad se beneficiaron al mismo tiempo. Las que ya tenían buena cobertura de paquetería vieron el cambio primero; otras, más alejadas de los centros de distribución, tardaron un poco más en notar tiempos de entrega comparables. Pero la brecha se ha ido cerrando de forma consistente.
Estafeta, DHL y la carrera de la última milla
Buena parte de este cambio no lo hicieron las tiendas en línea por sí solas, sino la infraestructura de paquetería que se desarrolló alrededor de ellas. Empresas como Estafeta, DHL o los esquemas propios de entrega de plataformas como Mercado Libre invirtieron en centros de distribución más cercanos a zonas de alta demanda, reduciendo el tiempo que tarda un paquete en salir de la bodega y llegar a la puerta del comprador.
Esta competencia entre paqueterías terminó beneficiando también a las tiendas chicas, que antes no tenían el volumen suficiente para negociar tarifas favorables por su cuenta. Al integrarse a estas redes de distribución ya existentes, consiguieron tiempos de entrega similares a los de negocios mucho más grandes, sin tener que construir su propia flota de reparto.
Lo que todavía no llega parejo
La descentralización no es total. Zonas de la periferia de la ciudad, y sobre todo del Estado de México colindante, todavía reportan tiempos de entrega más largos que las zonas centrales, aunque la diferencia se ha reducido año con año conforme las paqueterías amplían su cobertura.
Esta brecha residual es, para quienes siguen de cerca la logística del comercio electrónico en la capital, el siguiente frente de mejora: no se trata ya de si el catálogo llega a toda la ciudad, sino de qué tan parejos son los tiempos de entrega entre una colonia y otra.
Un catálogo que ya no distingue zonas
En vapeo, tiendas como TouchVapes reflejan ese cambio: un catálogo accesible desde cualquier punto de la capital, sin depender de qué tan cerca esté el comprador de una tienda física tradicional.
Para varios analistas de retail, esta descentralización es uno de los efectos menos comentados del comercio electrónico en ciudades grandes: pareja el acceso entre zonas que antes lo tenían desigual, y obliga a las tiendas físicas que sobreviven a competir con un nivel de servicio que antes no necesitaban.
El siguiente paso, dicen quienes siguen de cerca este mercado, es que la velocidad de entrega deje de ser una ventaja competitiva y se vuelva simplemente el estándar mínimo esperado, algo que ya empieza a pasar en las zonas de la ciudad con mejor cobertura logística.