Existe la idea de que el SAT vigila a los contribuyentes de manera parecida a como se hacía hace algunas décadas: revisando documentos físicos o acudiendo directamente a los negocios en busca de irregularidades.
Esa forma de fiscalizar quedó atrás. Hoy la autoridad opera principalmente a partir de información digital, y el elemento que sostiene todo ese modelo es el Comprobante Fiscal Digital por Internet (CFDI), conocido comúnmente como factura electrónica.
Prácticamente cualquier operación económica formal que ocurre en el país queda documentada mediante un CFDI: el pago de una nómina, la compra en un establecimiento, el cobro de honorarios profesionales o el rendimiento generado por una inversión.
Ninguno de esos comprobantes permanece únicamente en poder de quien lo recibe. En el momento en que se certifica, la información viaja de forma automática hacia los sistemas del SAT.
De piezas sueltas a un perfil económico completo
Un solo comprobante fiscal, visto de manera aislada, aporta poca información. El panorama cambia cuando la autoridad concentra millones de estos documentos y los relaciona entre sí.
Al cruzar nómina, compras, inversiones y otros movimientos, se construye de forma prácticamente automática el perfil económico de cada persona.
Esto explica por qué la autoridad fiscal no necesita abrir una investigación específica para conocer los ingresos de alguien: basta con que el sistema continúe funcionando como fue diseñado.
México no es el único país con este enfoque. Naciones como Chile, Brasil y España cuentan con esquemas similares de facturación electrónica obligatoria, aunque el caso mexicano destaca por haber sido de los primeros en generalizar su uso.
Las tres vías que nutren la información del SAT
Más allá del CFDI, existen otras fuentes que complementan la información disponible para la autoridad.
La primera corresponde al sistema financiero: bancos, casas de bolsa y aseguradoras tienen la obligación de reportar determinados movimientos, entre ellos depósitos relevantes y ganancias obtenidas por inversiones.
La segunda vía es la propia persona contribuyente, a través de las declaraciones que presenta de forma periódica o anual, dependiendo del tipo de actividad que realice.
La tercera proviene del exterior. Gracias a convenios internacionales de intercambio de información, entre ellos los establecidos con Estados Unidos y distintos países que integran la OCDE, el SAT recibe reportes sobre cuentas que personas mexicanas mantienen fuera del país, así como los ingresos asociados a ellas.
El origen de este modelo de fiscalización
Durante mucho tiempo, la evasión fiscal representó un problema significativo en México, favorecida en parte por la facilidad para operar con efectivo sin dejar evidencia documental.
Frente a ese escenario, la autoridad optó por una solución tecnológica: en lugar de depender de que los contribuyentes reportaran voluntariamente sus operaciones, se diseñó un esquema en el que la información se genera y transmite de manera automática.
Distintas fuentes públicas atribuyen a este modelo un incremento sostenido en la recaudación durante los últimos años, sin que haya sido necesario elevar las tasas impositivas.
El mismo principio para distintos tipos de ingreso
Aunque la forma en que se genera la información varía según la actividad de cada contribuyente, el mecanismo de fondo es el mismo.
En el caso de un trabajador asalariado, su empleador emite periódicamente un CFDI de nómina que ya incluye el ISR retenido, las percepciones obtenidas y las deducciones aplicables.
Quienes prestan servicios de manera independiente, en cambio, son responsables de generar cada comprobante conforme facturan a sus clientes, sin que exista un tercero que reporte esa información en su nombre.
Incluso una persona que ya no trabaja pero mantiene inversiones ve reportados sus rendimientos por la institución financiera correspondiente, ya que el sistema no distingue si alguien está activo laboralmente, sino si generó o no un ingreso.
Una lógica distinta para pensar en los impuestos
El modelo fiscal actual no depende de perseguir a los contribuyentes, sino de que la información se produzca de forma prácticamente automática.
Cada factura emitida, cada recibo de nómina y cada rendimiento generado por una inversión llega al SAT antes de que la persona realice cualquier trámite o presente su declaración correspondiente.
Comprender cómo se integra esta información resulta útil para entender, posteriormente, la forma en que se calculan los impuestos derivados de ella.