El Estadio Azteca ya fue reinaugurado, opera bajo el nombre de Estadio Banorte y será una de las sedes del Mundial 2026. Lo que está menos visible es lo que hay detrás de la remodelación: un crédito millonario que comenzará a pagarse en 2027 y que define buena parte de la apuesta financiera de Grupo Ollamani, la empresa de Emilio Azcárraga Jean que es propietaria del inmueble.

Banorte no es socio ni dueño del estadio. Es el acreedor principal: la institución que financió la obra y que recibirá de vuelta el capital más intereses a lo largo de los próximos años.

Cuánto se debe y cómo creció la deuda

Al 31 de marzo de 2026, Grupo Ollamani debía 2,297.7 millones de pesos a Banorte por la remodelación del estadio, según su primer reporte trimestral del año. El crédito original era por 2,100 millones de pesos, pero la cifra aumentó por dos razones: los recursos se utilizaron en etapas y los intereses se fueron sumando al saldo mientras avanzaban las obras. Adicionalmente, la empresa solicitó 208.4 millones de pesos adicionales para cubrir gastos relacionados con impuestos durante la construcción.

El crédito se pactó a 12 años, con vencimiento en 2037, y está respaldado con dos inmuebles ubicados en la zona de Santa Úrsula, en Coyoacán.

Cómo y cuándo se paga

Concepto Detalle
Crédito original $2,100 millones de pesos
Monto adicional (gastos de impuestos durante construcción) $208.4 millones de pesos
Deuda total al 31 de marzo de 2026 $2,297.7 millones de pesos
Acreedor Banorte
Plazo del crédito 12 años (vence en 2037)
Inicio de pagos de capital Febrero de 2027
Frecuencia de pagos de capital Cada 6 meses
Pago de intereses (periodo previo) Trimestral
Garantía del crédito 2 inmuebles en Santa Úrsula, Coyoacán
Ganancias operativas del grupo Q1 2026 $287.1 millones de pesos

Los recursos para pagar la deuda provienen principalmente de los negocios del grupo: el Club América, juegos y sorteos, y su división editorial. Solo en el primer trimestre de 2026, esas operaciones generaron ganancias por 287.1 millones de pesos. La empresa también contempla mantener una reserva para iniciar los pagos sin afectar su operación diaria y ha buscado financiamientos adicionales para cubrir periodos de espera, como mientras recupera impuestos pagados durante la construcción.

Parte del crédito también está cubierta contra variaciones en tasas de interés, aunque una porción sigue expuesta a cambios en el costo del dinero.

La apuesta: operar el estadio todo el año

El plan de Ollamani no descansa solo en el impulso del Mundial. La estrategia es mantener el estadio activo durante todo el año: partidos de futbol con el Club América, Cruz Azul y Atlante como base, conciertos, juegos de la NFL y otros eventos masivos. La lógica es convertir el inmueble en un activo que genere ingresos constantes y predecibles, no solo en temporadas puntuales.

El modelo es conocido en el sector de infraestructura deportiva: primero invertir, después monetizar con el flujo que genera el activo. La particularidad aquí es el volumen de la deuda y la concentración del arranque de pagos en un momento específico —2027— que coincide con el periodo inmediatamente posterior al torneo.

Los riesgos que no desaparecen con el Mundial

La apuesta tiene riesgos concretos. El flujo que hoy proviene de los negocios de Ollamani tendrá que sostener simultáneamente la operación diaria del grupo y el pago semestral del crédito a partir de 2027. Si esos ingresos no crecen al ritmo proyectado —o si el estadio no logra la ocupación y la frecuencia de eventos esperadas— la presión financiera sobre la empresa aumentará.

También existe exposición al entorno de tasas: aunque parte del crédito está protegida, la porción variable puede encarecer el financiamiento si el costo del dinero sube en los próximos años.

En ese sentido, la remodelación del Estadio Azteca no es solo un proyecto deportivo o de infraestructura. Es una apuesta financiera cuyo éxito depende de que el estadio se consolide como un activo de generación de ingresos sostenida más allá del torneo que lo relanzó.