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Crónica sobre lavado de dinero expone el rol de la banca en este delito

Una crónica periodística que recibió el Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter 2015 ilustra el modo en el que el narco paga 500 pesos a mujeres pobres para abrir cuentas bancarias en Culiacán, Sinaloa, a fin de lavar sus ganancias.



3 diciembre, 2015



Las “lavadoras” del narco en Culiacán es una crónica que abre una importante línea de investigación para conocer la participación de la banca mexicana en el lavado de dinero hormiga, aseguró el jurado que eligió a los ganadores del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter 2015.

“El trasfondo noticioso de este trabajo es altamente significativo. ¿Puede la banca ignorar que se abren cuentas por unos cuantos pesos que después servirán para lavar millones?”, cuestionaron en su veredicto los encargados de calificar los trabajos.

El jurado, presidido por Carmen Aristegui, estuvo integrado por Juan Villoro, Luis Astorga, Lucía Lagunes Huerta, Marta Durán de Huerta, Gerardo Yong, Björn Lisker, María Teresa Juárez, Claudia Herrera Pahl y Beatriz Solís.

Los expertos afirmaron que “con la investigación se abre un importante campo de análisis para explicar el trasvase de fondos ilícitos en una circulación monetaria aparentemente lícita”.

La ceremonia de premiación de la novena edición del premio se llevó a cabo el  26 de noviembre, en la Ciudad de México. 

La premiación fue convocada por la Embajada de la República Federal de Alemania en México y las fundaciones políticas alemanas en México, la Deutsche Welle, el Insituto Goethe y la Cámara Mexicano-Alemana de Comercio e Industria (CAMEXA).

Las “lavadoras” del narco en Culiacán

Los ganadores del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter 2015 fueron Zorayda Gallegos y Silber Meza por su trabajo Las “lavadoras” del narco en Culiacán, publicado en Emeequis el 6 de abril de 2015.

En su crónica exponen como es que “cientos de mujeres viudas, solas, pobres desde siempre, explican por qué obtener 500 pesos por abrir cuentas bancarias apócrifas para los narcos no les parecía un delito”.

Dice su defensora: “Ellas sólo recibieron 500 pesos, como los que regala el gobierno federal a las que tenemos arriba de 60 años; como regala el municipio; como regala el PRI para que votes por él. Sólo siguieron el mismo caminito que los políticos ya habían trazado”.

Por recibir 500 pesos, señalan los periodistas en la crónica, usados para comprar alimentos básicos o pagar una consulta médica, y ser parte de la maquinaria de blanqueo conocida como “pitufeo”, están a un paso de ir a prisión.

Extracto de la crónica

Una mañana cualquiera de 2011 Antonia barre la “acera” de tierra de su casa construida con retazos de lámina. Hasta ahí llega un hombre que recorre las calles de la colonia 5 de Febrero en un automóvil oscuro, con vidrios polarizados. Se estaciona frente a la vivienda de Antonia y va directo a ella:

–¿No te quieres ganar 500 pesos? –le pregunta.

–Pero, ¿cómo? –contesta, asombrada, con la escoba en la mano.

–Bien sencillo. Abres una cuenta en el banco, me das tu tarjeta, tu NIP, el ticket y te doy 500 pesos.

Antonia –entonces una madre soltera de 22 años– se queda pensando en lo que esos 500 pesos representan para comer. Observa a su hijo de apenas tres años que juega sobre el tapiz de tierra que cubre su casa y recuerda lo difíciles que han sido esos días como desempleada.

–¿Pero no voy a tener algún problema? –cuestiona, como si fuera un acto-reflejo, pensando que el hombre con el que habla es un político.

–No, ya que retiremos el dinero, tu cuenta se bloquea.

–Ah, bueno, pues, vamos –responde y se alista para acompañarlo.

Escoltada por el hombre, Antonia llega al Banco Azteca más cercano a su hogar, ubicado dentro de una tienda Elektra, donde sólo le piden su credencial de elector para abrir la cuenta.

El hombre entrega unos comprobantes de domicilio que no corresponden con la dirección de la mujer y proporciona los 50 pesos requeridos para la apertura de la cuenta. 

Sin problema, el ejecutivo bancario integra el expediente. El trámite dura apenas unos minutos y, una vez afuera de la sucursal, luego de entregar la tarjeta al hombre, Antonia recibe la cantidad prometida. Tan fácil como pensaba.

Pasados tres días, el hombre la llama por teléfono para avisarle que la recogerá en su casa: necesita que lo acompañe a retirar un dinero que depositaron en la cuenta. Y, para animarla, le ofrece otros 500 pesos.

Como en la ocasión anterior, el hombre llega a casa de Antonia, acuden al banco, la mujer firma, coloca su huella digital y el ejecutivo les entrega varios fajos de billetes.

Los hombres se dirigen a una pequeña sala donde cuentan el dinero y colocan los fajos en bolsas negras.
Al salir de la sucursal, entregan las bolsas a un grupo de policías municipales que viajan en motocicleta. Se entera, entonces, de que a los agentes les pagan 1,500 pesos el “flete”, es decir, por transportar el dinero de un lugar a otro en unidades oficiales. A ella le dan, como se acordó, sus 500 pesos.

Al siguiente día sucede lo mismo, sólo que esta vez la llevan a la sucursal de un banco distinto: Bancoppel.
Después de retirar dinero de las cajas, los hombres guardan los fajos en bolsas y a ella le pagan otros 500 pesos.

La monótona rutina se quiebra en la tercera ocasión: en una sucursal de Banamex la instruyen para que solicite una chequera y una vez que ésta le ha sido entregada, les firma varios cheques, recibe sus 500 pesos y Antonia se va a casa.

(…)

Lo que Antonia desconocía en ese momento es que cuatro años más tarde esos 3,000 pesos la enredarían inesperadamente y su nombre aparecería en una investigación judicial por lavado masivo de dinero, práctica a la que se conoce como “pitufeo”, lo que la pondría en la antesala de la prisión.

(…)

Un hombre con pinta de policía llega al domicilio de Ignacia y pregunta por ella.

–¿Qué se le ofrece? –repregunta la mujer, intrigada.

–Quería entregarle este citatorio para que se presente a declarar –informa el funcionario.

La mujer toma el documento entre sus manos y lee: “Visto el estado que guardan las actuaciones que integran la presente indagatoria UEIORPIFAM/AP/202/2014 que se instruye en esta unidad especializada en Investigación de

Operaciones con recursos de procedencia ilícita y de falsificación o alteración de moneda, en contra de….”

Ignacia, con su vista cansada, repasa el listado de nombres escritos en letras mayúsculas que aparecen en el citatorio. En la tercera línea encuentra el suyo y más abajo ubica el de su hermana Manuelita, quien falleció en agosto de 2014.

Continúa la lectura: “…en contra de quien o quienes resulten responsables por hechos probablemente constitutivos del delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita”.

(…)

Para Ricardo Gluyas Millán, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe) y especialista en lavado de dinero, esta operación es un esquema clásico de lo que se conoce como “pitufeo”. Y aunque en México pueda parecer novedoso, es muy utilizado en varios países sudamericanos e incluso en Estados Unidos.

“En inglés se llama smurfing, y consiste en utilizar prestanombres para abrir cuentas bancarias y hacer transferencias a través de ellas, generalmente por cantidades por debajo de 10,000 dólares”, explica Gluyas Millán.

Sin embargo, en el caso de estas mujeres el pitufeo adquirió niveles de locura porque las cantidades de las que se habla son muy altas, de millones de pesos. 

“Es una versión híbrida del pitufeo”, explica el también doctor en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona, España.

Gluyas Millán cree honestamente que México cuenta con una legislación robusta para prevenir el blanqueo de capitales, pero destaca que la delincuencia siempre busca las maneras de evadirla. “¿Cuántas maneras de lavar dinero hay? Tantas como se lo pueda imaginar el crimen organizado”.

(…)

A punto de cumplir 60 años, Ignacia teme vivir su alta vejez en una cárcel. Pero no es la única que desde hace dos meses no duerme bien y a la que la asaltan ataques de llanto: Ramona y Antonia pasan por lo mismo. Las vecinas de su calle, también.

A cientos de personas que habitan las colonias ubicadas en los alrededores del Cerro de las Siete Gotas les llegó un citatorio similar. Todas, sin saberlo, ayudaron a lavar dinero del crimen organizado en una operación hormiga que buscaba no dejar rastros.

(…)

Ramona, de piel blanca y cabello negro, acepta su culpa. Dice que cuando ve a sus hijos piensa que es mejor entregarse y pagar su condena porque ella jamás ha incurrido en un acto ilegal y no quiere dejar ese ejemplo a su familia.

Está muy enojada. Pide que los bancos se hagan responsables. Fueron cómplices de las operaciones, ya que no es posible que con sólo presentar su credencial de elector, sin pedirle antecedentes económicos ni otro tipo de comprobantes, le hayan abierto una cuenta.

Tal vez Ramona tenga algo de razón en buscar responsabilidades en los bancos involucrados en estas operaciones, como HSBC, Banamex, Bancoppel, Azteca y Bancomer.

Y seguro no sabe que cada año en México las instituciones bancarias incurren en incumplimientos a la normatividad de Prevención de Lavado de Dinero (PLD).

Incumplen normatividad para prevenir el lavado

Sólo en el último año 27 bancos acumularon 130 infracciones a la normatividad para prevenir el lavado. Entre las fallas más frecuentes detectadas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) se encuentra la apertura de cuentas sin integrar correctamente el expediente de identificación del cliente.

Tampoco aplican cuestionarios de identificación que permitan obtener mayor información sobre clientes de alto riesgo y no verifican –cuando menos una vez al año– que los expedientes cuenten con todos los datos y documentos legales.

En 2014 instituciones como Bancoppel, Banamex y HSBC omitieron enviar a la Secretaría de Hacienda el reporte de operaciones con dólares en efectivo en el plazo establecido.

De hecho, entre el 23 de enero de 2014 y el 26 de febrero de este año la comisión ha impuesto multas por 70 millones de pesos.

Una muestra de cómo los bancos relajan sus normas de prevención de lavado de dinero es que muchos no cuentan con medidas para conocer el origen de los recursos en operaciones clasificadas de alto riesgo.

Iván Alemán, vicepresidente de Procesos Preventivos de la CNBV, reconoce que el sistema bancario mexicano aún tiene “áreas de oportunidad”, pero éstas se han solventado una a una.

En la actualidad, afirma el funcionario, han aumentado las revisiones y el número de sanciones por lavado de dinero. “Estamos en proceso de mejora”, advierte y pone como prueba que el cumplimiento de las reglas ha crecido de 60 a 90 por ciento entre 2012 y 2015.

El pitufeo no se escapa de los ojos de la institución, expone Alemán, y para ello en diciembre pasado se aprobó la obligación de identificar a las personas a partir del depósito de un dólar; la medida entrará en vigor en 2016.
Y si bien se ha avanzado en la regulación, en los controles y en el monitoreo, el siguiente paso, abona Iván Alemán, es que las entidades financieras los cumplan de manera eficaz.

El texto completo puede ser consultado en la siguiente dirección electrónica: http://goo.gl/gswW7r

 





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