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Los gobiernos toleran los paraísos fiscales

Los países que sirven para la evasión fiscal concentran 21 billones de dólares, según la Red para la Justicia Fiscal



3 agosto, 2015



A pesar de las regulaciones internacionales, los paraísos fiscales siguen operando y se fortalecen, aseguró la BBC.

La Red para la Justicia Fiscal (Tax Justice Network) calcula en 21 billones de dólares el monto de los recursos transferidos a los países que ofrecen una carga tributaria baja o nula, lo que equivale a la producción económica anual de Estados Unidos y Japón juntos.

El primer paraíso fiscal

Datos históricos indican que el primer paraíso fiscal fue la Isla Gran Caimán, ya que en el siglo XIX los pobladores del lugar rescataron a la tripulación, pasajeros y un príncipe de una embarcación británica encallada en un arrecife en el Caribe Occidental.

En agradecimiento, el rey Jorge III de Inglaterra prometió que la isla nunca más pagaría impuestos.

Sin embargo, los 55,000 residentes de la isla más grande del archipiélago no son los únicos que se benefician de este privilegio. También unas 80,000 compañías, muchas de ellas subsidiarias de empresas extranjeras que en su mayoría no realizan negocio alguno en la isla, y bancos con activos totales por 1.4 billones de dólares.

Un mito 

“Vine a Gran Caimán, a mediados de los años 70, para escapar de los altos impuestos en Reino Unido, que en aquel momento eran prohibitivos”, dice Anthony Travers, abogado británico graduado en la Universidad de Cambridge.

La historia de Travers, actualmente presidente de la Bolsa de Valores de las Islas Caimán, resume la característica principal de los paraísos fiscales: la persona se muda a un centro financiero en el extranjero o simplemente muda su dinero, con la intención de privar a otro país de ingresos por concepto de impuestos.

Si las ganancias enviadas a los paraísos fiscales se quedaran donde realmente fueron generadas, muchos países en desarrollo tendrían la posibilidad de pagar todas sus deudas, calcula el grupo activista internacional Red para la Justicia Fiscal.

Pero la idea de que estos centros financieros ofrecen una estructura impositiva diseñada sólo para explotar la demanda mundial por evadir impuestos es errónea, asegura Travers. 

“Las corporaciones no vienen a las Islas Caimán para eludir el pago de impuestos. Las empresas que operan aquí pagan impuestos en las jurisdicciones que les corresponde”, afirma.

En realidad, las compañías que fijan domicilio en las Islas Caimán, en particular los fondos de cobertura (hedge funds), lo hacen por razones relacionadas con las legislaciones de los distintos países. “Buscan estabilidad y ausencia de normas intrusivas”, explica.

La principal atracción de las Islas Caimán y de otros centros financieros, según Travers, es que son una jurisdicción donde los activos pueden ser retirados sin incurrir en un nivel extra de gravámenes para luego invertirlos en otra parte del mundo.

“Es un delirio creer que en esta isla hay un enorme cofre lleno de oro proveniente de otros lugares del mundo. El dinero de los hedge funds u otras fuentes es invertido y reinvertido”, afirma.
Debido a la presión de Estados Unidos y de otros gobiernos, los paraísos fiscales se han visto obligados a dar acceso a la información bancaria de sus residentes.

Las autoridades de las Islas Caimán dicen que ahora es más sencillo saber quiénes son los dueños de los activos y hacia dónde va el dinero, e insisten en que esos fondos pagan impuestos en los respectivos países.

El contador británico Richard Murphy, fundador de la Red para la Justicia Fiscal, dijo a la BBC que la forma en la que operan los paraísos fiscales se ha vuelto mucho más compleja a partir de 2005, pues la evasión fiscal ya no es el principal propósito.

“Su justificación es otra: como las regulaciones siguen favoreciendo a las grandes compañías que quieren mantenerse lejos de la mirada de los reguladores, las empresas ven en los paraísos fiscales una solución para salir bien paradas comercialmente, con menos costos que si operaran en otros sitios”, afirma.

Los gobierno los toleran

Según Murphy, los paraísos fiscales aún existen porque les permiten a las grandes compañías dividir sus operaciones –sólo en los papeles– para evitar ser reguladas en los sitios donde sí llevan a cabo sus actividades.

“Si el gobierno británico sospecha de esa compañía y quiere hacer preguntas, primero debe dar un buen motivo sobre por qué necesita esa información. Y, para complicar las cosas, las Islas Caimán también deben dar una buena razón para vincular a esa compañía con Reino Unido. El problema es que toda la estructura está armada para evitar que se unan cabos”, dice.

De acuerdo con la BBC, los críticos sospechan que algunos gobiernos juegan a las escondidas de una forma particular: como si el niño que busca al resto pasara al lado de uno de los niños ocultos y deliberadamente voltea hacia otro lado, porque lo que quiere es seguir jugando más tiempo.

Murphy está convencido de que algunos gobiernos quieren que el juego de los paraísos fiscales continúe.

“Creen que vale la pena permitir que la City de Londres y Wall Street realicen parte de sus actividades fuera de la mirada de los reguladores, para que puedan competir de una forma que consideran más innovadora y les hagan ganar mucho dinero a los mercados financieros globales, lejos de un ambiente regulado”, afirma.

El caso de Google 
Uno de los casos que más ha llamado la atención de los reguladores financieros en Europa y Estados Unidos es Google.

La compañía estadunidense ha logrado minimizar su factura impositiva en Reino Unido y otros países donde opera, registrando casi todas sus ventas y sus ganancias en Irlanda, las cuales son canalizadas legalmente hacia Bermuda, donde paga muy pocos tributos, previo paso por Holanda.

La BBC señala que los paraísos fiscales offshore existen porque a otras naciones les conviene. Lo que llama la atención es que algunos países han comenzado a mostrar algunas características de los paraísos fiscales y hasta compiten con algunos centros financieros offshore.

“Hablamos de Holanda, Suiza, cada vez más Reino Unido, Luxemburgo”, afirma la legisladora Margaret Hodge, que preside el Comité de Cuentas Públicas del Parlamento británico, que ha tenido en la mira a empresas como Google.

“Todos estos países creen que, al ofrecer impuestos bajos o la posibilidad de que compañías globales no los paguen, atraerán más negocios a su territorio. Y la realidad es que no atraen negocio alguno. Más bien son usados para canalizar ganancias y, de paso, pierden recaudación impositiva”, asegura.

El estado de Delaware, en Estados Unidos, es otro paraíso fiscal que registra 945,000 empresas y sólo cuenta con una población de 920,000 habitantes, informó la BBC.

Ex asesor de Nueva Zelanda quiere un paraíso

Jamie Whyte, filósofo y ex asesor financiero de Nueva Zelanda, ha promovido la idea de que su país se convierta en un paraíso fiscal, argumentando que eso favorece la competencia.

“Básicamente, aprovechan el hecho de mucha gente en otros países quiere pagar menos impuestos. Así que ofrecen esa posibilidad y las regulaciones se lo permiten. Sin ellos, quién sabe dónde terminaría ese dinero”, dice.

Whyte trató de instalar el tema cuando lideró un partido pronegocios en las últimas elecciones generales del país, en 2014, pero su agrupación fracasó y su carrera política se truncó.

El filósofo entiende que la mayoría de las personas odien los paraísos fiscales porque creen que el dinero debería quedarse en sus países, pero aclaró que “el hecho de que la gente reclame esos fondos no significa que tenga derecho a ellos”.

Mientras las discusiones continúan, los paraísos fiscales seguirán operando, y en caso de que logren suprimirse algunos, los que queden en pie tendrán  mayores beneficios e irán volviéndose más atractivos. (Con información de la BBC).

 






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