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Cómo contratar un guardaespaldas

No es como en las películas, así que te decimos cómo debes elegir al adecuado.




9 mayo, 2017

“Guardaespaldas”, “guarura”, “gorila”, “guarro…”. Olvídate de estos conceptos. La del escolta o agente de seguridad, como prefieren que se denomine su profesión, es una figura de lo más explotada por la cultura pop, desde Kevin Costner, Denzel Washington y Clint Eastwood hasta la imagen de hombres serios y profesionales que visten de negro y tienen habilidades casi sobrehumanas, siempre con lentes oscuros y auriculares. Lejos del estereotipo, hace falta mucho más que una corbata y unos lentes oscuros para este trabajo.

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No es raro que florezca la industria de la seguridad privada: tan solo en la CDMX hay más de 600 empresas que ofrecen servicios de seguridad, tanto para los negocios como para empresarios y ejecutivos. Si emplear elementos para proteger bodegas, sucursales y operaciones de una compañía es un paso grande y con muchas implicaciones, contratar escoltas personales lo es aún más.

¿Qué pasa realmente cuando contratas un servicio privado? ¿Cómo es la vida cuando una escolta se vuelve tu sombra? ¿Cómo elegir la adecuada?

Contra los estereotipos
La más reciente “Encuesta Nacional de Seguridad Pública” señala un dato sin precedente: 74.1 por ciento de los mexicanos considera que vivir en su ciudad es inseguro. Nunca antes el país se había visto a sí mismo con tanto miedo.

Más específicamente, “para los ejecutivos y empresarios mejorar la seguridad pública es una de las principales tareas pendientes para mejorar la competitividad”, tan sólo detrás del combate a la corrupción y la estabilidad económica. Esta información la arrojó la encuesta “Expectativas de la Alta Dirección en México 2017” de la consultora KPMG. No fue lo único que los empresarios señalaron sobre la inseguridad: el 52 por ciento de ellos piensa que la actuación del gobierno tuvo un impacto negativo en la competitividad de sus empresas; de ellos, el 40 por ciento atribuye ese impacto al aumento de la extorsión y la inseguridad.

Ante esta necesidad, el perfil de matón o tipo rudo ha quedado atrás: “Los agentes de seguridad son verdaderos profesionales, con una visión analítica de la seguridad de su protegido; están en preparación constante y no es raro que sean bilingües”, dice Humberto Mejía, director de Seguridad Empresarial.

Una característica que con frecuencia impresiona a las personas que buscan este tipo de servicio es que el agente tenga un pasado como militar o policía, pero en realidad eso no tiene ninguna relevancia en el trabajo de campo. “No importa la experiencia previa, lo importante es qué habilidades estratégicas posee en la actualidad, y también que pase las pruebas psicológicas: que tenga un perfil psicológico completo”, dice Adrián Moreno, un agente de seguridad con más de una década de trabajo de campo en el noreste de México.

No es sólo cuestión de puntería y fuerza, añade: “Si eres un chofer-escolta, debes estar capacitado en el manejo defensivo de vehículos blindados, por ejemplo. Y saber primeros auxilios es indispensable”.

La capacitación puede hacer la diferencia en una situación de riesgo, por eso el abanico de habilidades de cada agente es tan importante en la selección del personal. Los candidatos serios podrán mostrar una lista de cursos y certificaciones, y entonces vendrá la siguiente fase de selección: no es raro que las empresas de este ramo presenten ternas de candidatos para cada puesto, dejando la elección última al contratante, pues escolta y protegido pasarán mucho tiempo juntos.

Más vale una decisión informada que dejarse llevar por lo vistoso de la cartera de clientes de una empresa o su tamaño. Para eso existen organizaciones como el Consejo Nacional de Seguridad Privada (CNSP) que se dan a la tarea de enlistar las empresas serias de este ramo. También se puede distinguir un buen proveedor de servicios de seguridad por los certificados de calidad otorgados por entes especializados, como Asis International, una organización dedicada específicamente a desarrollar programas de entrenamiento y certificación para empresas de seguridad.

Ante todo, los agentes y las empresas deben contar con los permisos adecuados para proporcionar este tipo de servicios y para portar armas de fuego, ya sean individuales o colectivos. De lo contrario, el contratante estará incurriendo en una grave irregularidad.

A nadie le gusta la acción
El trabajo principal de los agentes no es repeler agresiones, sino evitar que sucedan, y contratar un servicio de seguridad privada no va a eliminar los riesgos para el protegido de la noche a la mañana, coinciden Mejía y Moreno. “Nuestro objetivo es nunca sacar el arma. El día que sacas el arma es porque no hiciste bien tu trabajo”, dice Moreno. La base de la seguridad es la detección temprana de riesgos, por lo que se vuelven fundamentales tareas como reconocimiento de avanzada de lugares donde se llevarán a cabo eventos públicos, reconocimiento de listas de invitados y trazado de rutas de desplazamiento para traslados del protegido.

“Somos personal con capacidad de repeler –continúa Moreno–, pero cualquier agente de seguridad personal prefiere el ‘aburrimiento’ de revisar una y otra vez todas las posibilidades de riesgo”.

Aunque muchas veces nada de eso es suficiente porque el propio protegido (o “principal” en la jerga de las escoltas) es quien causa las situaciones de riesgo. El sueño de tu escolta es que sigas sus recomendaciones. Moreno señala que es, primeramente, responsabilidad del protegido mantener las condiciones óptimas para reducir riesgos.

Pero también está el factor humano de los agentes. “Hay que tomar en cuenta los turnos de ocho horas, ya que el cansancio y el hambre afectan la concentración de cualquier individuo”, señala Mejía. Lo óptimo es contar con servicio en turnos. “Supongamos que cuentas con un equipo de cuatro agentes: uno que se encarga de conducir, otro de planear rutas y dos como equipo de seguridad personal. Pues bien, se debe tener otro equipo exactamente igual para relevarlos al plazo de ocho horas”.

Del mismo modo que no se debe pensar en estos profesionales como superhombres capaces de trabajar sin descanso, es de vital importancia delimitar sus actividades a la seguridad, que es lo que se les ha encargado y por lo que se les paga. Cualquier otra tarea significa una distracción. Mejía insiste en que por mucho que al protegido se le antojen unos tacos del mercado o le urjan unas fotocopias de un documento importantísimo, si a su escolta se le asignan mandados, no sólo deja de estar cerca de su protegido, sino que pierde la concentración necesaria para vigilar y prevenir.

Otra de las concepciones equivocadas al pensar en escoltas es que son una extensión de la voluntad y el poder del protegido, su brazo fuerte ante ofensas de cualquier índole, como se ha hecho público, cada vez más frecuentemente, en las redes sociales en casos como los de “lord Ferrari” o “lord Rolls Royce”, cuya prepotencia se volvió viral en la primavera del año pasado.

Estos casos resultan simplemente inadmisibles para los profesionales de la seguridad. Según Mejía: “Si el protegido incurre en conductas de riesgo y luego le pide a sus escoltas que golpeen a alguien, éstos estarían dejando de lado su única obligación, que es garantizar la seguridad del protegido”. El especialista no duda en añadir que un agente de seguridad profesional y suficientemente capacitado está en todo su derecho de negarse no sólo a una actividad que implica un delito –como la agresión– sino a cualquiera que lo distraiga de su cargo.

Es importante notar que este derecho de los agentes de seguridad va de la mano de poder demostrar sus certificaciones en todas las ramas de la profesión que sean de interés del cliente, por lo que efectivamente se les debe considerar como empleados altamente calificados, mucho más que simples exmilitares o policías de licencia que siguen a su protegido a todos lados con la mano en la culata de la pistola listos para amedrentar a cualquier transeúnte.

En conclusión, al contratar un servicio de seguridad ejecutiva tenemos que dejar de lado los prejuicios y considerar que no necesitamos al más grande, al más malo ni al que mejor maneje un arma de fuego, sino que estamos en búsqueda de profesionales altamente capacitados para ejercer una consultoría completa en seguridad personal y no una simple labor de vigilancia.

Las escoltas o los agentes de seguridad de hoy se distinguen por ser un grupo de hombres y mujeres en constante capacitación que, en vez de imponer con su imagen, hacen su mejor labor cuando ni siquiera se dan a notar, ya que su objetivo es que la jornada de su protegido esté libre de eventos desagradables.

 

 

 

 

 

 

 





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