La política y los negocios no se llevan

Si hay CEO que se vuelven presidentes, ¿por qué no los presidentes se vuelven CEO?

 

Felipe Soto Viterbo
  La política y los negocios no se llevan
  La política y los negocios no se llevan

El expresidente Vicente Fox, aburrido en su retiro guanajuatense, ahora es un youtuber que hace videos para insultar a Donald Trump (a quien los improperios del Chente deben importarle tres hectáreas de rábano). La obsesión del primero con el segundo quizá se explique por lo mucho que tienen en común: antes de ser presidentes fueron CEO. Ninguno de los dos puede tolerar un “no”. Cuando hablan, escupen lo primero que les viene a la mente. Ambos han necesitado de un vocero para traducir a los medios lo que quisieron decir. Y, sobre todo, los dos pensaron ingenua y catastróficamente, antes de tomar posesión de su cargo, que gobernar un país era como dirigir un negocio.

Esto último nos lleva a pensar qué pasaría al revés: que un gobernante dirigiera una empresa luego de su mandato. Supongamos que, en un acto de perversidad o ineptitud absolutas, un cazatalentos convence a alguna compañía de contratar a Enrique Peña Nieto como CEO, una vez que deje su cargo como presidente de México. ¿Por qué? “Tiene experiencia en ocupar un puesto de liderazgo”.

En su primer día, el exmandatario soltaría un discurso a los empleados con frases huecas: “Caminaremos con paso firme”, “Trabajaremos hombro con hombro” y “¿Qué hubieran hecho ustedes?”. En su primera semana, negaría que la compañía enfrenta problemas; diría que es un asunto de percepción. En el primer mes, habría corrido a todo el cuerpo directivo para contratar a puros amigos cercanos y leales, sin experiencia, pues “vienen aquí a aprender”. Luego buscaría que las transacciones de la empresa beneficiaran personalmente a él y a sus amigos, y pondría a su esposa a explicar a sus empleados los posibles conflictos de interés. Se haría de la vista gorda cuando los directores de otras unidades de negocio pensaran que merecen la abundancia y se adjudicaran el presupuesto. Llevaría a la organización a la quiebra, por supuesto, pero antes de dimitir, pediría a sus empleados tener cuidado de contratar a un CEO populista.

Moraleja: “Ocupar un puesto de liderazgo” no significa ser líder.

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