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Beneficios de obligar a los empleados a tomar sus vacaciones

23 agosto, 2017

Algunas empresas han experimentado qué ocurre cuando obligas a tus trabajadores a tomar vacaciones pagadas.


Tomar vacaciones debería ser un placer pero suele ser una desdicha: antes de irte necesitas dejar un montón de trabajo hecho, incluso adelantar, y al regreso debes realizar el trabajo pendiente para compensar el tiempo libre. Da la impresión que no vale mucho la pena alejarse de la empresa, ¿no? En especial cuando, en medio de una piña colada, entra una llamada de tu jefe.

Con esto parecería ser que nuestro sistema de vacaciones es ineficiente. Y eso sin tomar en cuenta que México es el país en Latinoamérica que menos vacaciones pagadas brinda a sus trabajadores, dándoles sólo seis días al año, más 8 considerados feriados oficiales, lo que da 14 días libres al año.

¿Cuál es la alternativa progresista ante tal situación? La de empresas como Adobe, Netflix o Twitter, que permiten a los trabajadores tener tantas vacaciones como quieran, cuando las deseen. Pero esto también tiene sus fallas: la mentalidad del guerrero, la presión de los iguales de que, si no estás en la oficina, eres un vago.

La gente duda al tomar vacaciones porque no quieren lucir como que son la persona que más las toma.

Mathias Meyer, CEO de la compañía alemana de tecnología Travis CI, menciona en un artículo de Harvard Bussines Review que cuando la gente no tiene la certidumbre de cuántos días debe de tomarse pasan cosas curiosas: “La gente duda al tomar vacaciones porque no quieren lucir como que son la persona que toma más vacaciones. Es una carrera al fondo en lugar de a un descanso y un equipo feliz”.

Esto tiene que ver con que uno conoce el estado del trabajo en la oficina y no se permite tomar vacaciones porque nadie más lo hace. Si nadie más está saliendo de viaje, tu tampoco lo haces.

En el mismo artículo, escrito por el autor de libros de emprendimiento, Neil Pasricha, en colaboración con Shashank Nigam, director y fundador de SimpliFlying, proponen una tercera opción: un descanso obligatorio de una semana cada siete semanas.

La idea del experimento que realizaron era alejar al trabajador completamente de la oficina, de manera que si contactaba a la empresa durante esa semana, no se le pagaban las vacaciones. Tras 12 semanas de estar en el experimento, los directivos tenían mayores niveles de productividad, creatividad y felicidad que antes del tiempo obligatorio. La creatividad subió un 33%, la felicidad un 25% y la productividad un 13%.

Pero una directora de recursos humanos que contactamos nos mencionó que tales estrategias no son tan fáciles de utilizar. Para empezar, todo depende del puesto al que se le darán vacaciones: por ejemplo, si es un puesto operativo o de los que hay muchos en el sistema laboral, no hay ningún problema.

“Pero un puesto alto sabe que, a fuerzas, vas a llegar y tener un montón de pendientes, o que tienes que meterle velocidad antes de salir para dejar el menor trabajo posible. En mi compañia somos dos y si uno falta, es mucho trabajo para el otro. Además, se sabe que no todos los elementos trabajan igual”.

Como director de una compañía ¿estarías dispuesto a arriesgarte con alguno de los métodos de vacaciones que han sido propuestos por estos directivos? ¿Valdría la pena intentarlos para mejorar la productividad? Podrías subcontratar a alguien que cubra la vacante libre o planificar el trabajo de manera que el trabajador ausente no baje la productividad. La respuesta la darán los mismos trabajadores cuando se les brinde esta oportunidad.

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