Para todos los mexicanos, pagar en efectivo sigue siendo lo más natural del mundo. El Banco de México estima que el 91% de la población utiliza billetes y monedas en sus gastos diarios, y este hábito se mantiene en un país que cada vez más compra, contrata servicios y se entretiene en línea.

La cuestión no es si la fuerza laboral va a desaparecer, porque no estará preparada. Así es como nos conectamos a un mundo digital que siempre requiere una tarjeta o cuenta bancaria. Aparecen herramientas como OXXO Pay y Todito Cash, y con ellas un debate más amplio sobre la inclusión financiera en México.

Un país que paga en efectivo

Las cifras ayudan a comprender la magnitud del problema. Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 del INEGI, el 76.5% de las personas de entre 18 y 70 años contaban con al menos un producto financiero, cifra superior a la de 2015. Esto representa un avance significativo, pero también existe un panorama desfavorable: el 23.5% de la población no tenía ningún producto financiero.

Además, la fuerza laboral no es solo para quienes no tienen cuenta bancaria. La misma Encuesta del INEGI sobre inclusión financiera muestra que el 85.2% de los mexicanos paga en efectivo sus compras de 500 pesos o menos, y que la proporción se mantiene alta incluso en gastos mayores. Muchas personas con tarjeta prefieren el recibo por costumbre, ya que ver cómo se debita el dinero de la tarjeta les ayuda a no perder el control de sus gastos.

Este es el punto de partida para cualquier servicio que desee digitalizar los pagos en el país. No se trata de convencer a la gente de que abandone su fuerza laboral de la noche a la mañana, sino de encontrar un puente entre el dinero físico que tienen en sus manos y las plataformas que solo aceptan pagos electrónicos.

Cómo los empleados se adaptan al saldo digital

OXXO Pay fue una de las primeras en implementar esta solución a gran escala. Fruto de la alianza entre la cadena de tiendas y la fintech Conekta, permite comprar online y pagar posteriormente en efectivo en un OXXO Box, sin necesidad de tarjeta. El comprador genera un código, lo lleva a la tienda y lo canjea allí. Cabe recordar que, para cualquier factura, los pagos realizados a través de intermediarios están sujetos a reglas específicas en el CFDI para poder deducirlas, un detalle que muchos contribuyentes pasan por alto.

Todito Cash funciona con una lógica similar, pero a la inversa. Es una moneda prepago: el usuario recarga su saldo mediante miles de puntos físicos o desde la app de Todito y luego lo gasta online como si tuviera una tarjeta virtual. No hay historial crediticio en la cuenta bancaria, solo el dinero que se ha depositado en la moneda.

Este saldo digital se acepta en una amplia gama de servicios: recargas telefónicas, videojuegos, plataformas de streaming y sitios de ocio en línea. Sin embargo, el sector del entretenimiento digital merece una atención aparte, ya que es ahí donde el modelo de moneda prepago responde a una fricción muy concreta.

Las plataformas de videojuegos, las casas de apuestas deportivas y los casinos en línea donde que se puede usar Todito Cash están dirigidos al mismo tipo de usuario: aquellos que desean participar sin tener que vincular una cuenta bancaria. La moneda prepago actúa como una capa de separación entre el patrimonio digital del usuario y sus finanzas personales; recargas lo que gastas, y nada más. En México, los operadores de juegos de azar en línea operan bajo la autorización de la Secretaría de Gobierno y ofrecen sus servicios a los alcaldes de las ciudades.

Lo interesante de ambos casos es el mismo principio. El personal no se reemplaza, sino que se transforma. El pago se deposita en una caja registradora física y se convierte en un saldo transferible por internet.

Lo que la fuerza laboral digital aún no resuelve

Sería una exageración afirmar que estos fondos por sí solos cierran la brecha de inclusión financiera. La Comisión Nacional de Banca y Valor clasifica los instrumentos de pago prepago en una categoría distinta a la de los productos formales de crédito y ahorro, y esta distinción es importante: recargar un saldo a veces conlleva una comisión, especialmente en el caso de las tarjetas, y este costo recae únicamente sobre quienes tienen menor margen de maniobra. Además, el saldo prepago no genera intereses, no crea historial crediticio ni reemplaza una cuenta de ahorros.

Esto se traduce en un problema de conocimiento. La propia encuesta del INEGI revela que solo el 38% de la población conoce el sistema Cobro Digital (CoDi) del Banco de México y solo el 18.5% sabe qué es Dinero Móvil (DiMo). Si las herramientas gratuitas del banco central siguen siendo desconocidas, será difícil que el resto del ecosistema digital se consolide por inercia.

Por lo tanto, sería injusto privarlos de ese mérito. Para millones de personas, una moneda recargable es la primera vez que pueden pagar algo en línea. Esta primera transacción digital, por pequeña que sea, significa abrir la puerta a las siguientes.

El personal en México no se va. Se está volviendo flexible, capaz de desenvolverse tanto en la oficina como en la pantalla. Y mientras más de la mitad del día se siguen pagando pequeñas compras con tarjeta, cualquier avance en la inclusión financiera tenderá a producirse, independientemente de si la gente tiene dinero en el bolsillo o no.