Democracia a la americana

Los mecanismos políticos de la democracia indirecta que rige en Estados Unidos siguen siendo un misterio para la mayoría.

El país que más presume la democracia, la nación que la usa como estandarte para justificar sus intervenciones en otros países parece no tener un presidencialismo sustentado en ella. Hay básicamente dos partidos, y sabemos que Hillary Clinton es la candidata de los Demócratas y que Donald Trump, el de los Republicanos. Sabemos que no es una votación popular meramente lo que define al presidente de nuestro vecino del norte cada cuatro años; también hemos escuchado de “las primarias” y que existe algo llamado “Colegio Electoral”, que puede definir la decisión final. ¿Qué es todo eso y cómo funciona? Es lo que forma la llamada “democracia indirecta”.

Este sistema deja muy en entredicho el valor de la participación y confirma la desconfianza en el voto popular directo. El argumento es que el ciudadano no está lo suficientemente informado de la vida y la obra de los candidatos.

Instaurada desde 1787 en la Convención de Filadelfia por los “padres fundadores”, la democracia a la americana elegía a los candidatos de cada partido por distintas vías, pero a finales del siglo XIX empezó a generarse una desconfianza social en esas elecciones internas. Fue hasta 1903 cuando en Wisconsin se dio la primera ley que permitía a todos los ciudadanos votar secretamente para elegir a los candidatos de los partidos. El primero en utilizar este sistema fue el Progresista, encabezado por Theodore Roosevelt, y desde entonces se les quitó a los militantes partidistas el monopolio para elegir a sus propios candidatos. Ésas son las llamadas votaciones primarias.

También existen las asambleas electorales o caucus, en las que, al igual que en las elecciones externas, no gana el que tenga más votos sino el que obtenga la venia de los delegados en la convención de cada estado. 

Y ni hablar del Colegio Electoral: un grupo de 538 ciudadanos denominados “electores” (para aumentar la confusión), cuya única finalidad es votar por el presidente y el vicepresidente. Son ellos quienes deciden quién será el commander in chief. ¿Y quién elige a estos electores? Las estructuras estatales de los partidos políticos, no los ciudadanos comunes.

Cada estado tiene el mismo número de votos electorales que de senadores y congresistas, por eso los estados con más habitantes tienen más votos electorales. Y quien gana el estado se lleva los votos de todos los electores de ese estado. Winner takes it all. Es el caso de California (55), Texas (38), Florida (29) y Nueva York (29). Para ganar se necesitan 270 votos electorales.