El fuero y el juicio político

Jalisco eliminó el fuero pero su gobernador y otros funcionarios aún tienen protección federal. ¿Seguirán otros estados? ¿Le llegarán las olas al Congreso de la Unión?

Se dice que Victoriano Huerta mandó cortarle la lengua al senador Belisario Domínguez. Éste es uno de los ejemplos que justifican la existencia del fuero en México. También, durante el último siglo, ha sido una especie de garantía de independencia de los poderes de la Unión. Hay que recordar que la persecución política fue una realidad en nuestro país durante décadas.

Hoy vivimos en una democracia un poco más madura de la que tuvimos hasta mediados de los noventa, lo cual cuestiona directamente la existencia del fuero. En la Legislatura LXII (2012-2015) el Partido Acción Nacional (PAN) fue muy insistente en la eliminación del fuero federal; la propuesta fue desechada debido a la votación en contra del Partido Revolucionario Institucional (PRI), sus aliados y buena parte de la izquierda. El argumento en aquel momento —en voz del diputado Ricardo Monreal— fue que sin el fuero los legisladores estarían a merced del presidente de la República y que se perdería la autonomía del Poder Legislativo frente al Poder Ejecutivo.

Es un excelente argumento, pero anacrónico: hoy la persecución política se da por vías como la difamación; la justicia rara vez tiene las repercusiones y los alcances mediáticos de una campaña de desprestigio. Hace unos meses vimos desaforada a Lucero Sánchez, diputada de  Sinaloa electa por el PAN aunque no está afiliada a ese partido, por presentar una identificación falsa para visitar al “Chapo” Guzmán en la prisión de máxima seguridad El Altiplano en 2014. Aunque el caso está en manos del Ministerio Público, sigue sin pasar nada porque el expediente está mal integrado… El objetivo en realidad era quitarle el fuero antes de las elecciones para efectuar un golpe mediático, lo cual se logró. Mientras tanto, el caso sigue —y seguramente seguirá— en el limbo jurídico.

Existen otros ejemplos memorables de desafueros, como los de Andrés Manuel López Obrador, René Bejarano y Julio César Godoy Toscano, sin embargo, no es algo que ocurra con frecuencia. Legislativamente hablando, es un proceso atípico en el cual el pleno de la Cámara de Diputados se vuelve jurado de procedencia, las partes presentan alegatos y, finalmente, hay un dictamen.

En la actualidad, las exigencias de transparencia y combate a la corrupción han revivido la propuesta de eliminar los fueros tanto en lo local como en lo federal. En Jalisco se aprobó el pasado 14 de julio la eliminación del fuero a partir de propuestas de todos los partidos y del diputado independiente Pedro Kumamoto.

En Colima se están debatiendo dos propuestas, del PAN y de Movimiento Ciudadano; Guanajuato ya está en este proceso —con una iniciativa del PAN y apoyo del gobernador Miguel Márquez—; en Oaxaca, Sinaloa, Sonora y Nuevo León se están discutiendo propuestas similares, y en este último estado los diputados del PAN ya renunciaron públicamente al fuero.

Pronto será una realidad la eliminación del fuero en todo el país. La batalla por que no haya mexicanos de primera y segunda categoría es noble y tiene mucho sentido. Esperemos que se entienda en todos los ámbitos de gobierno y no se convierta en una debilidad frente al autoritarismo.