¿Cómo le hizo el SAT para que la evasión de impuestos esté en su punto más bajo de la historia?

evasión de impuestos, sat, el contribuyente,Foto: Shutterstock

Desde la Reforma Hacendaria, el SAT le ha apretado los tornillos a los contribuyentes. 


Durante muchos años, el Estado mexicano dependió de los ingresos de Pemex para sustentar el gasto público. México es un país con recursos petroleros nada desestimables, por lo que este esquema funcionó por mucho tiempo. De hecho, en fechas tan recientes como 2012, el gobierno federal obtuvo el 40.7 por ciento de su presupuesto por este medio, sin embargo, para 2016 apenas representó el 16.3 por ciento. Esto se debe a varios factores, como el desplome del precio internacional del petróleo y la caída en la extracción de crudo mexicano.

Como alguien tiene que pagar las cuentas, después de todo, el gobierno se puso las pilas para encontrar una entrada alternativa de dinero. Aquí es donde entra en juego la Reforma Hacendaria, que ha logrado que año tras año el SAT rompa récords en materia de ingresos tributarios: en 2013 los ingresos tributarios eran menos del 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que en 2018 se proyecta que sean del 13 por ciento. A pesar de estos logros, a la Reforma Hacendaria se le está acabando el gas: la Secretaría de Hacienda proyecta que para 2023, los ingresos tributarios sean del 13.1 por ciento del PIB, casi lo mismo que en 2018.



Dos de los principales retos a los que la autoridad fiscal se enfrenta para poder incrementar la recaudación son ampliar sustancialmente la base de contribuyentes, de modo que no sean sólo unos cuantos los que carguen con el peso del gasto público y disminuir la evasión de impuestos.

Esta semana, la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) presentó su estudio Evasión Global de Impuestos 2017, en el que da cuenta de la evolución del fenómeno en nuestro país. Sus principales hallazgos son que las mayores tasas de evasión de IVA e ISR se presentaron tras la crisis financiera de 2008, cuyo efecto se prolongó hasta 2011. Sin embargo, a partir de 2012 las tasas de evasión han ido a la baja. En 2009 y 2010, la tasa de evasión como porcentaje del PIB alcanzó el 5.2 y 5.1 por ciento, respectivamente. La cifra de 2016, la más reciente incluida en el reporte de la UDLAP, es del 2.6 por ciento.


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Durante muchos años, el Estado mexicano dependió de los ingresos de Pemex para sustentar el gasto público. México es un país con recursos petroleros nada desestimables, por lo que este esquema funcionó por mucho tiempo. De hecho, en fechas tan recientes como 2012, el gobierno federal obtuvo el 40.7 por ciento de su presupuesto por este medio, sin embargo, para 2016 apenas representó el 16.3 por ciento. Esto se debe a varios factores, como el desplome del precio internacional del petróleo y la caída en la extracción de crudo mexicano.

Como alguien tiene que pagar las cuentas, después de todo, el gobierno se puso las pilas para encontrar una entrada alternativa de dinero. Aquí es donde entra en juego la Reforma Hacendaria, que ha logrado que año tras año el SAT rompa récords en materia de ingresos tributarios: en 2013 los ingresos tributarios eran menos del 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que en 2018 se proyecta que sean del 13 por ciento. A pesar de estos logros, a la Reforma Hacendaria se le está acabando el gas: la Secretaría de Hacienda proyecta que para 2023, los ingresos tributarios sean del 13.1 por ciento del PIB, casi lo mismo que en 2018.



Dos de los principales retos a los que la autoridad fiscal se enfrenta para poder incrementar la recaudación son ampliar sustancialmente la base de contribuyentes, de modo que no sean sólo unos cuantos los que carguen con el peso del gasto público y disminuir la evasión de impuestos.

Esta semana, la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) presentó su estudio Evasión Global de Impuestos 2017, en el que da cuenta de la evolución del fenómeno en nuestro país. Sus principales hallazgos son que las mayores tasas de evasión de IVA e ISR se presentaron tras la crisis financiera de 2008, cuyo efecto se prolongó hasta 2011. Sin embargo, a partir de 2012 las tasas de evasión han ido a la baja. En 2009 y 2010, la tasa de evasión como porcentaje del PIB alcanzó el 5.2 y 5.1 por ciento, respectivamente. La cifra de 2016, la más reciente incluida en el reporte de la UDLAP, es del 2.6 por ciento.


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