¿Cómo afecta la sobrerregulación fiscal a las pymes?

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De entrada,  empuja a las nuevas empresas a la informalidad. 


Cuando te juntas con tus amigos emprendedores y los escuchas hablar de toda las regulaciones del SAT, de las facturas, el pago de impuestos, las declaraciones y todo eso, una parte de ti muere. Bueno, dos partes mueren: la de la diversión y la emprendedora. Escuchar todos los obstáculos burocráticos y fiscales que tienes que sortear sólo te espantan. No eres el único que piensa eso, y aquí te van algunos datos para que veas que la cosa sí es como la sospechas.

No hay distinción fiscal para pequeñas empresas

Imagina que tu hijo de seis años empieza a practicar box. Lleva dos meses y parece que todo está bien, hasta que empieza a competir con peleadores de 100 kilos que podrían comerse a tu pequeño de un bocado. Cuando les toca pelear, digamos que a tu hijo no le va muy bien. Te parece ridículo, ¿no?

Bueno, a eso se enfrentan las pymes. No hay una distinción real en cuanto a la regulación fiscal para una empresa que factura 100 mil pesos al mes y una que factura 100 millones de pesos: deben entregar las mismas declaraciones, reportes, solicitudes y obligaciones que impone el SAT. Entonces, por un lado tienes una empresa que va empezando, en la que una persona cumple diferentes papeles y además le pones el trabajo de contador amateur; y, en el otro lado está una empresa que cuando necesita arreglar fiscal, lo manda a su departamento de contabilidad. Ya desde ahí, parece que la regulación fiscal está pensada para grandes empresas internacionales, y ese esquema no sirve para las pymes.

Por ejemplo, desde el 2014 es obligatorio que todas las empresas hagan facturación electrónica. Esto representa una inversión de tiempo y dinero que podría ser muy pesada para una nueva empresa, pero que facilita el trabajo del SAT y de una compañía gigantesca. Otro ejemplo: los complementos de pago del CFDI. Si el pago no es completo, tienes que emitir un nuevo CFDI cada vez que el cliente te dé una parcialidad. Siguiendo la lógica que llevamos hasta ahora, ¿para qué tipo de empresa es más fácil seguirle la pista a esto y dedicarle el tiempo necesario?

Tal vez sí hay algunos beneficios para los que van empezando, como el Régimen de Incorporación Fiscal, en el que vas pagando un porcentaje del ISR hasta que, después de diez años, pagas el total. Pero cuando se trata de regulaciones, tienes que hacer lo mismo que las empresas grandes.

Sí hay demasiadas reglas que no se pueden cumplir

Desde el punto de vista de una pyme, hay una saturación de reglas con las que es imposible cumplir. No sólo es cuestión de tiempo y dinero, también es de información. Deben mantenerse al tanto de las modificaciones que salen en el Diario Oficial y las que pone el SAT en su página oficial. Además, puede que de entrada ni siquiera sepan que deben buscarlas ahí. Todo esto se va sumando y al final le quita atención a mejorar detalles que podrían hacer crecer a la empresa.

Y todas estas regulaciones sirven para prevenir cosas como evasión y defraudación fiscal de empresas multimillonarias, pero no hay proporción. Es como cuando un pescador deja ir a los peces pequeños que atrapó con su red; sólo que al revés, porque el SAT intenta atrapar a todos. No se puede negar que algunos contribuyentes sí cometen abusos para pagar menos impuestos o de plano no pagar nada. Pero todo sigue siendo cuestión de proporción: las reglas están hechas para detectar faltas de millones de pesos, no de 80 mil al año.

Todo esto empuja a la informalidad

Si sabes que te va a llover todo esto, una opción es nunca hacerte formal, es decir, no pagar impuestos. Pero esto trae sus propios problemas. Por un lado, corres el riesgo de que te cachen. Por el otro, tu mercado será mucho más reducido y podrías crecer menos; el mercado verdaderamente grande nunca se va a abrir para una empresa informal. Una estrategia muy común entre las pymes es mantenerse en la informalidad el tiempo necesario y pasar a la formalidad cuando tienen el dinero para encargarse de toda esa regulación.

Para que te des una idea: de cada 10 empresas microcerveceras que nacen en el país, nueve deciden quedarse en la informalidad por miedo, flojera o falta de recursos necesarios para hacerse formales. ¿Alguien los culpa?

Con información del C.P.C. Mario Ramón Escobosa Barojas, vicepresidente de la Comisión de Sector Empresarial del Colegio de Contadores Públicos de México.


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